Había una vez un río está ambientada en un universo distópico que conserva la memoria de un tiempo en el que un agua cristalina atravesaba esas tierras. Un mundo en el que grandes multinacionales han tomado el control de los recursos hídricos, concediendo a las poblaciones locales solo unos pocos litros de agua al día. En este paisaje árido, donde el agua se ha convertido en el bien más preciado, una joven se encuentra, a su pesar, al frente de una revuelta. La narrativa se mueve entre la prosa y la dramaturgia, entrelazando testimonios, recuerdos y experiencias personales que evocan una profunda nostalgia por un “tiempo más humano”, subterráneamente presente en nuestro contemporáneo.
Origen del proyecto
El espectáculo está basado en el relato corto Arcadia de Alina Narciso y forma parte de las actividades de la Residencia Artística Metec Alegre en Morcone, un proyecto de regeneración cultural y social de pequeños pueblos históricos, financiado por la Unión Europea – Next Generation EU. La crítica Lidia Curti ha descrito la parábola narrativa del texto como una continua evocación de la “función guerrera”, desde la revuelta de las mujeres hasta la privación del agua, en una escritura que atraviesa distintos lenguajes y formas.
La escena
El espacio escénico está concebido como un ambiente total. Las instalaciones, los objetos y las estructuras escenográficas construyen una “escena extrañante”, que se convierte en la base para un proceso de investigación e improvisación actoral. Una torre de control domina el horizonte, mientras que todo el espacio teatral —incluidos el patio de butacas y el foyer— es atravesado por un recorrido inmersivo que acompaña al espectador al interior de este mundo árido y vigilado.
Imágenes y vídeo
Las fotografías y los vídeos de escena corren a cargo de Salvatore Esposito. Las imágenes provienen del proyecto fotográfico Mefite, presentado en el Gibellina Photoroad Open Air & Site-specific Festival 2023. Mefite, una localidad de la Alta Irpinia descrita por Virgilio como un “lugar de muerte”, es un paisaje extremo en el que los pocos riachuelos de agua adquieren el color de la sangre. En escena, el deseo del agua se transforma en espejismo y en la forma misma del deseo.
Música
La música original ha sido compuesta por Sandra Agüero Quesada e interpretada en directo por la propia música junto a Marco Di Maria y Giovanni Imparato. La música atraviesa la escena como una presencia narrativa continua, culminando en la secuencia La fiesta del agua, en la que el sonido, el gesto y el rito colectivo se fusionan.
Había una vez un río está producida por Metec Alegre, en colaboración con Veo Islas, e involucra a artistas procedentes de diversos ámbitos —teatro, artes visuales, música, fotografía— en un proceso de creación compartida.
El espectáculo integra, además, las voces de los participantes en el taller teatral de la Residencia Artística Metec Alegre en Morcone, ampliando la dimensión coral y territorial del proyecto.
Créditos
Dramaturgia y dirección
Alina Narciso
En escena
Alessandra Borgia
Música en vivo
Sandra Agüero Quesada – voce e basso
Marco Di Maria – saxofono e fisarmonica
Giovanni Imparato – percussioni
Música original
Sandra Agüero Quesada
Dirección de fotografía
Salvatore Esposito
El espectáculo forma parte de las actividades
de la residencia artística financiada
por la Unión Europea Next Generation EU
Proyectos locales de regeneración
cultural y social de pequeños pueblos
históricos. Morcone (BN)
Escenografía
Rosario Squillace, Fabio Santucci
Instalaciones escenográficas
Liudmila López Domínguez
Vestuario
Violetta Di Costanzo
Videoescenografía
Mariano Soria, Emanuele Buonocore
Dirección técnica
Alessandro Messina
Voces
Partecipanti Laboratorio teatrale Residenza Artistica Metec Alegre – Morcone (BN)





